Cuando el Citroën DS se presentó en el Salón del Automóvil de París de 1955, los asistentes no podían creer lo que veían. Aquel vehículo parecía llegado del futuro, con líneas aerodinámicas imposibles para la época y tecnologías que ningún otro fabricante había osado implementar en serie. En las primeras 24 horas del salón, Citroën recibió 12.000 pedidos. No era para menos: el DS representaba un salto cuántico en la industria automotriz, una declaración de intenciones que cambiaría para siempre la forma de concebir los automóviles.
Más de seis décadas después, el Citroën DS sigue siendo objeto de admiración, estudio y coleccionismo. Su influencia trasciende el mundo del motor para convertirse en icono cultural, pieza de museo y símbolo de una época. Si te fascina la historia del automóvil o simplemente aprecias el diseño visionario, conocer la historia y peculiaridades del DS te permitirá entender por qué este modelo francés ocupa un lugar privilegiado en el olimpo automotriz.
El Contexto Histórico: Francia en la Posguerra
Para comprender la magnitud de lo que representó el Citroën DS, debemos situarnos en la Francia de mediados de los años 50. Europa se recuperaba lentamente de la devastación de la Segunda Guerra Mundial. Los automóviles de la época eran diseños conservadores, con carrocerías angulosas, suspensiones rígidas y tecnologías probadas que garantizaban fiabilidad sobre innovación.
André Citroën había fallecido en 1935, pero su legado de audacia técnica permanecía vivo en la compañía. El equipo de ingenieros liderado por André Lefèbvre y el diseñador italiano Flaminio Bertoni recibieron un encargo ambicioso: crear el automóvil más avanzado del mundo, un vehículo que situara a Citroën a la vanguardia tecnológica durante décadas.
El proyecto comenzó secretamente en 1938, interrumpido por la guerra y retomado en 1945. Durante diez años, el equipo trabajó en silencio absoluto desarrollando innovaciones que parecían ciencia ficción: suspensión hidroneumática autorregulable, dirección asistida hidráulica, frenos de disco en las cuatro ruedas y una aerodinámica revolucionaria con coeficiente de resistencia de apenas 0.38, cifra excepcional incluso para estándares actuales.
El nombre «DS» tampoco fue casual. En francés se pronuncia «Déesse», que significa «Diosa». Esta elección revelaba las ambiciones de Citroën: no estaban creando simplemente otro automóvil, sino un objeto digno de veneración.
Diseño Exterior: Escultura en Movimiento
La primera impresión al ver un Citroën DS sigue siendo impactante hoy día. Su silueta de gota aerodinámica, completamente revolucionaria para 1955, prescindía de los volúmenes cuadrados y las líneas rectas que dominaban la industria. Bertoni esculpió una forma orgánica que parecía fluir naturalmente, como si el viento mismo hubiera moldeado la carrocería.
Los faros delanteros carenados tras cristal representaban una solución técnica brillante: protegían las ópticas del barro mientras mejoraban la penetración aerodinámica. La parrilla cromada flotante, sin conexión visible con el capó, acentuaba la sensación de ligereza. Las manijas de puerta empotradas, casi invisibles, mantenían la limpieza de líneas. Cada detalle evidenciaba obsesión por la pureza formal.
El perfil lateral revelaba proporciones únicas: voladizo delantero extendido, capó bajo, techo flotante que se fundía con el pilar trasero mediante un diseño wraparound. La ausencia de montantes centrales en las versiones de dos puertas creaba una luminosidad interior sin precedentes. Desde cualquier ángulo, el DS desafiaba las convenciones estéticas de su tiempo.
Citroën ofreció numerosas variantes de carrocería a lo largo de los 20 años de producción. La berlina de cuatro puertas fue la más popular, pero también existieron versiones familiar (Break), descapotable y la elegante coupé Pallas. Cada una mantenía la esencia del diseño original adaptándola a diferentes necesidades.
La gama cromática también evolucionó con los años. Los primeros DS lucían colores sobrios típicos de los 50: negro, gris, verde oscuro. Conforme avanzaban los 60, aparecieron tonalidades más atrevidas que reflejaban el optimismo de la época: amarillo, naranja, azul celeste. Hoy, un DS restaurado en su color original se convierte en cápsula temporal de su década.
La Suspensión Hidroneumática: Magia Tecnológica
Si tuviéramos que destacar una sola innovación del Citroën DS, sería sin duda su revolucionaria suspensión hidroneumática. Este sistema, desarrollado por el ingeniero Paul Magès, utilizaba fluido hidráulico presurizado y esferas de gas para suspender el vehículo, sustituyendo completamente los muelles y amortiguadores convencionales.
Las ventajas eran múltiples y espectaculares. Primero, la altura del coche se autoajustaba automáticamente según la carga: con cuatro pasajeros y equipaje completo, el DS mantenía exactamente la misma distancia al suelo que vacío. Segundo, el confort de marcha superaba cualquier cosa conocida hasta entonces. El sistema absorbía irregularidades del pavimento con una suavidad que parecía sobrenatural, haciendo que el DS «flotara» sobre el asfalto.
Pero había más. El conductor podía ajustar manualmente la altura mediante una palanca junto al volante, elevando el vehículo para transitar caminos difíciles o bajándolo para mejorar la estabilidad a alta velocidad. Esta versatilidad convertía al DS en un automóvil verdaderamente multifuncional, capaz de enfrentar desde bulevares parisinos hasta caminos rurales sin pavimentar.
El sistema hidroneumático también alimentaba otros componentes: la dirección asistida ultraligera (revolucionaria para la época), los frenos de disco autoajustables y, en versiones posteriores, incluso la caja de cambios semiautomática. Todo el vehículo funcionaba mediante presión hidráulica generada por una bomba accionada por el motor.
Ver arrancar un DS es un espectáculo técnico memorable. Al girar la llave, el coche permanece «agachado» durante unos segundos mientras la bomba genera presión. Gradualmente, como despertando de un sueño, el vehículo se eleva hasta su altura de circulación. Este ritual de encendido se convirtió en parte del carácter único del DS, un recordatorio constante de que no se trataba de un automóvil ordinario.
Evolución Técnica: Veinte Años de Mejoras Continuas
El Citroën DS permaneció en producción desde 1955 hasta 1975, un ciclo extraordinariamente largo que permitió sucesivas evoluciones técnicas sin alterar su esencia. Citroën introdujo mejoras constantemente, manteniendo el modelo relevante frente a competidores más modernos.
Los primeros DS montaban un motor de cuatro cilindros de 1.9 litros derivado del Traction Avant, desarrollando apenas 75 caballos. Aunque insuficiente para las prestaciones que la carrocería aerodinámica prometía, este propulsor demostró fiabilidad durante los primeros años. En 1965 llegó el cambio significativo: motor de 2.0 litros con inyección electrónica Bosch, elevando la potencia hasta 109 caballos y mejorando sustancialmente las prestaciones.
La versión más deportiva, el DS 23 introducido en 1973, equipaba un 2.3 litros de 124 caballos que finalmente hacía justicia a las capacidades del chasis. Este modelo alcanzaba 185 km/h, velocidad respetable para un automóvil de su tamaño y peso. La aceleración, aunque nunca fue el punto fuerte del DS, resultaba adecuada para circulación normal.
Las transmisiones también evolucionaron. Inicialmente, Citroën ofreció una manual de cuatro velocidades convencional. En 1961 apareció la semi-automática, que eliminaba el pedal de embrague mediante un sistema hidroneumático activado por la palanca de cambios. Conducir con esta caja requería técnica específica: levantar el pie del acelerador, mover la palanca, esperar el característico «clonk» del embrague hidráulico y volver a acelerar. Peculiar pero efectivo.
Los faros también protagonizaron evoluciones notables. En 1967, algunas versiones incorporaron faros direccionales que giraban hasta 80 grados según el ángulo del volante, iluminando el interior de las curvas antes de entrar en ellas. Esta tecnología, redescubierta por fabricantes premium en el siglo XXI, era estándar en ciertos DS hace más de 50 años.
Versiones Especiales y Variantes: Más Allá del Berlina
La versatilidad de la plataforma DS permitió a Citroën desarrollar numerosas variantes que ampliaban su atractivo comercial. El DS Break (familiar) transformaba el elegante berlina en vehículo utilitario sin sacrificar carácter. Su amplio maletero y configuración de asientos convertía al DS en opción práctica para familias numerosas o profesionales que necesitaban transportar equipamiento.
El DS Décapotable, carrozado por especialistas como Henri Chapron, representaba el lujo absoluto. Con capota de lona operada hidráulicamente y acabados interiores personalizados, estos descapotables se convirtieron en transporte preferido de celebridades y jefes de estado. El presidente francés Charles de Gaulle utilizó varios DS blindados durante su mandato, superviviendo incluso un atentado en 1962 gracias en parte a la estabilidad del sistema hidroneumático que permitió al conductor escapar con neumáticos perforados.
La versión Pallas representaba el pináculo del lujo en la gama DS. Identificable por su distintivo techo cromado en dos tonos y equipamiento interior superior, la Pallas incluía tapicería de cuero, moquetas más gruesas y detalles cromados adicionales. Para quienes deseaban un DS pero priorizaban confort sobre deportividad, la Pallas ofrecía refinamiento adicional.
Citroën también produjo variantes comerciales menos conocidas. El DS Ambulance, configurado para servicios médicos, aprovechaba la suave suspensión para transportar pacientes con mínimas vibraciones. Versiones policiales y militares demostraron la robustez del diseño en condiciones exigentes.
El DS en la Cultura Popular y el Coleccionismo
El impacto cultural del Citroën DS trasciende ampliamente el mundo automotriz. En 1955, el filósofo Roland Barthes escribió un ensayo titulado «La nouvelle Citroën» donde analizaba el DS como objeto mítico que representaba el progreso tecnológico de la humanidad. Esta reflexión intelectual sobre un automóvil era inusual y revelaba cómo el DS capturaba la imaginación colectiva.
El cine también abrazó al DS. Aparece en más de 1.300 películas, incluyendo clásicos como «Phantomas» o «El Apartamento». Cada aparición reforzaba su imagen de sofisticación parisina y modernidad. Ningún director que quisiera ambientar una escena en la Francia de los 60 podía ignorar al DS como elemento escenico fundamental.
En el mercado de colección actual, el Citroën DS experimenta revalorización constante. Ejemplares restaurados profesionalmente oscilan entre 25.000 y 60.000 euros según modelo, estado y procedencia. Los descapotables Chapron superan fácilmente los 100.000 euros, mientras que versiones presidenciales o con historia verificable alcanzan cifras astronómicas en subastas especializadas.
Restaurar un DS requiere conocimiento específico y acceso a repuestos cada vez más escasos. El sistema hidroneumático demanda mecánicos familiarizados con su complejidad. Afortunadamente, clubes de propietarios en toda Europa mantienen vivo el conocimiento técnico y facilitan acceso a componentes mediante redes de especialistas. Empresas en Francia, Reino Unido y Alemania se dedican exclusivamente a la restauración de DS, testimonio de la demanda sostenida.
Para coleccionistas, las versiones más deseables son los primeros DS19 de 1955-1956 con sus características únicas (parachoques cromado completo, indicadores de dirección de las primeras series) y los últimos DS23 IE con inyección electrónica y equipamiento completo. Los Break bien conservados también ganan popularidad por su practicidad y relativa rareza.
Conclusión: Un Legado que Perdura Setenta Años Después
El Citroën DS no fue simplemente un automóvil avanzado para su época. Fue una declaración de que los límites los establecemos nosotros mismos, que la audacia técnica y la visión estética pueden converger en objetos que trascienden su función utilitaria. Setenta años después de su presentación, el DS continúa inspirando diseñadores, fascinando ingenieros y emocionando a quienes tienen el privilegio de conducirlo.
Su influencia permanece visible en cada automóvil moderno con suspensión activa, en cada diseño que prioriza la aerodinámica sobre las convenciones estéticas, en cada innovación que desafía el «siempre se ha hecho así». El DS demostró que ser diferente, cuando se hace con convicción y excelencia, no es un riesgo sino una ventaja competitiva duradera.
Si alguna vez tienes oportunidad de experimentar un Citroën DS, ya sea en un museo, un evento de clásicos o mediante la afortunada propiedad de un ejemplar, dedica tiempo a apreciar cada detalle. Porque no estás simplemente ante un coche antiguo, sino frente a una de las mayores revoluciones que la industria automotriz ha conocido.
